Hace dos mil años, un hombre pisó nuestro planeta y aseguró que provenía de un lugar más allá del espacio y del tiempo.
Aunque no tenía credenciales ni respaldo político, su vida y sus palabras cambiaron nuestro mundo. Su nombre es Jesucristo.
Mientras la mayoría de los grandes personajes simplemente pasan desapercibidos en los libros de historia, Jesús de Nazaret sigue siendo el centro de miles de publicaciones, documentales y controversia en los medios de comunicación.
Actualmente, dos mil millones de personas dicen ser sus seguidores, pero muchos todavía se preguntan, “¿quién es el verdadero Jesucristo?”.
¿Fue Jesús una persona real?
Aunque algunos escépticos denominaron a Jesús un mito, los historiadores reconocen que fue una persona real. De hecho, nueve historiadores y escritores no cristianos mencionan a Jesús a menos de 150 años de su muerte, la misma cantidad que menciona al emperador romano de ese momento, Tiberio César.
A eso se suma que más de cinco mil ochocientos manuscritos del Nuevo Testamento nos cuentan acerca de la vida de Jesús y sus palabras. Eso es mucho más que para cualquier otra persona en la historia antigua.[1]
John A. T. Robinson, quien fue erudito del Nuevo Testamento, llegó a la conclusión de que el Nuevo Testamento se escribió originalmente mientras los testigos oculares de la existencia de Jesús aún estaban vivos.[2]
En cuanto a la fiabilidad de los relatos acerca de Jesús sostuvo: “La riqueza de los manuscritos y, sobre todo, el estrecho intervalo de tiempo entre la escritura y las primeras copias existentes, lo convierten, por mucho, en el mejor texto atestiguado de cualquier escritura antigua en el mundo”.[3]
Entonces, ¿quién fue este hombre llamado Jesucristo? y ¿por qué se escribió tanto acerca de él?
¿Fue Jesús un gran maestro moral?
De todos los grandes hombres del mundo, se ha considerado a Jesús el ejemplo supremo de la perfección moral tanto en su personalidad como en sus enseñanzas.
Jesús obedeció todos los mandamientos de Dios. Y demostró amor y compasión de manera desinteresada a los necesitados.
El historiador Will Durant dijo de Jesús: “Él vivió y luchó incansablemente por la ‘igualdad de derechos’.‘[4]
Martin Luther King dijo de Jesús: “No buscó vencer el mal con el mal. Venció el mal con el bien. Aunque crucificado por el odio, respondió con amor agresivo”. [5]
Y el reconocido filósofo francés, Jean-Jacques Rousseau, escribió: “Cuando Platón describe su hombre justo imaginario… él describe exactamente la personalidad de Cristo…”.[6]
El carácter moral impecable de Jesús se reflejó en sus enseñanzas. Mientras que la mayoría de los maestros morales hablaban de las reglas que debían servir de guía en la vida, Jesús enseñó que nuestra prioridad debía ser amar a Dios y a los demás por encima de a nosotros mismos. Una cualidad que mostró de manera continua.
¿Fue Jesús un líder capaz de cambiar el mundo?
El historiador Philip Schaff resume el impacto de la vida y las palabras de Jesús: “Jesús de Nazaret… arrojó más luz sobre las cosas humanas y divinas que todos los filósofos y los eruditos juntos; pronunció palabras de vida como nunca antes ni después…”. [7]
En solo tres años de ministerio activo, Jesús cambió el mundo para los siguientes 20 siglos. Otros líderes morales y religiosos han dejado una huella, pero nada como el carpintero humilde de Nazaret.
Por ejemplo:
- Los derechos humanos se basaron en las enseñanzas de Jesús.[8]
- Sus palabras llevaron a la igualdad de derechos de las mujeres y las minorías.[9]
- Los seguidores de Jesús abolieron la esclavitud en Europa y América del Norte.[10]
- La mayoría de las universidades como, por ejemplo, Harvard, Yale y Oxford, se fundaron para proclamar sus enseñanzas. [11]
- Las palabras compasivas de Jesús inspiraron a innumerables organizaciones benéficas y hospitales.[12]
Jaroslav Pelikan, que fue historiador en la Universidad de Yale, escribió: “Independientemente de lo que alguien pueda pensar o creer personalmente de él, Jesús de Nazaret ha sido la figura dominante en la historia de la cultura occidental durante casi veinte siglos. … Es a partir de su nacimiento que la mayor parte de la raza humana fecha su calendario, es por su nombre que millones maldicen y en su nombre que millones rezan”. [13]
H. G. Wells, que fue un historiador no cristiano, estaba de acuerdo con este concepto. Cuando le preguntaron quién dejó el mayor legado en la historia, él respondió: “Si se aplica esta prueba, Jesús está en primer lugar”.[14]
¿Fue Jesús el Mesías prometido?
Cientos de años antes de que Jesús naciera, los profetas del Antiguo Testamento, desde Moisés hasta Zacarías, presagiaron la llegada de un Mesías. Este Mesías, o Cristo, iba a pagar por el pecado de los hombres e iba a ser una luz en el mundo. Y, según el profeta Isaías, sería en realidad Dios en forma humana. (Isaías 9:6)
Jesús dijo que su principal misión primero era sufrir y morir por nuestros pecados. Setecientos años antes, el profeta Isaías había pronosticado el sufrimiento del Mesías por nuestros pecados.
“Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades;… cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros”. —Isaías 53:5 y 6, NVI
Mientras estuvo en la Tierra, Jesús cumplió casi 300 de estas profecías del Antiguo Testamento, lo que incluyó su ascendencia, ciudad de nacimiento y milagros.[15]
Cuando sus seguidores lo vieron sanar a los cojos, sordos y ciegos, se convencieron de que era el Mesías prometido. Y cuando Pedro lo proclamó como “El Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios viviente”, Jesús reconoció la afirmación como verdadera.
Pero Jesús también reveló otro misterio sobre su identidad que fue tan impactante que finalmente lo condujo a su juicio y crucifixión.
¿Cuál fue ese misterio?
¿Qué dijo Jesús de sí mismo?
Como hombre, Jesús tuvo hambre. Sintió dolor. Necesitó descansar. Sufrió tentaciones. Pero nunca se lo acusó de ningún pecado.
Sin embargo, Jesús hizo afirmaciones que ningún hombre común haría. Hablaba de sí mismo como uno con Dios Padre (Juan 10:30). Esto enfureció tanto a los líderes religiosos que intentaron matarlo.
Más tarde, cuando su seguidor Felipe le pidió ver a Dios Padre, Jesús respondió: “¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decirme: ‘Muéstranos al Padre’?”. (Juan 14:9, Nueva versión del siglo [NCV]).
El nombre de Dios en Israel, “YO SOY” (Yahvé), era tan sagrado que ningún judío lo pronunciaba. Sin embargo, Jesús escandalizó a los líderes religiosos judíos cuando se nombró a sí mismo “YO SOY”. Después de decirles que había preexistido al patriarca judío, Abraham, quien había vivido dos mil años antes, Jesús exclamó, “Ciertamente les aseguro que, antes de que Abraham naciera, ¡YO SOY”. (Juan 8:52-58, NVI). Mediante el uso del nombre de Dios para sí mismo, Jesús estaba atribuyéndose deidad.
En Mere Christianity, C. S. Lewis concluye que, si las afirmaciones de deidad de Jesús hubieran sido falsas, entonces no podría haber sido un buen hombre ni un gran maestro moral. Si Jesús no era quién afirmaba ser, hubiera sido un mentiroso o un lunático.
Lewis explica: “Estoy tratando de evitar que alguien diga las tonterías que la gente suele decir sobre Él: ‘Estoy dispuesto a aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto su afirmación de ser Dios’. Esa es la única cosa que no debemos decir”. [16]
Jesús aseguró claramente ser Dios. Entonces, ¿estaba mintiendo? ¿Era un lunático autoengañado o es el Hijo de Dios, una deidad en forma humana?
¿Probó Jesús sus afirmaciones?
Hacia el final de los tres años de ministerio de Jesús, les dijo a sus discípulos que sería condenado y asesinado en Jerusalén.
¡Era una noticia devastadora! Los discípulos habían pasado tres años con él. Habían visto una gran cantidad de milagros y escuchado sus enseñanzas sobre el amor incondicional y la gracia de Dios. ¡Estaban estupefactos!
Sin embargo, Jesús les dijo algo más que no entendieron del todo. Dijo que después de su muerte resucitaría.
Su promesa de resucitar de entre los muertos puso todo el ministerio de Jesús en riesgo. Si vencía a la muerte, eso validaría su afirmación de deidad. Y eso significaría que todo lo que nos dijo acerca de Dios, él mismo y nuestro propósito y destino fue verdad.
Incluso su promesa: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera” (Juan 11:25, Versión estándar en inglés [ESV]).
Wilbur Smith, quien fue un erudito de la Biblia, explicó: “Cuando dijo que resucitaría de entre los muertos al tercer día después de ser crucificado, dijo algo que solo un tonto se atrevería a decir si esperaba la devoción de algún discípulo, a menos que estuviera seguro de que iba a resucitar”.[17]
Como Jesús predijo, fue tomado prisionero, condenado a muerte por Poncio Pilatos y crucificado en una cruz romana.
Después de permanecer colgado en la cruz durante seis horas, Jesús murió. Un guardia romano perforó su costado para asegurarse de que estuviera muerto. Entonces, Jesús fue enterrado en la tumba de un miembro adinerado del consejo judío, José de Arimatea. Se ordenó a los guardias romanos vigilar la tumba las 24 horas.
Los discípulos de Jesús se habían ocultado y temían ser arrestados y posiblemente ejecutados como Jesús ellos también.
Pero al tercer día, María Magdalena y otras mujeres corrieron apresuradas hasta los discípulos y aseguraban haber visto vivo a Jesús. Poco después, los testigos oculares nos cuentan que Jesús apareció vivo ante Pedro, Juan y otras 500 personas. Los discípulos se transformaron de repente.
Peter Steinfels de The New York Times escribió: “Poco después de que Jesús fuera ejecutado, sus seguidores fueron repentinamente impulsados de un grupo disperso y acobardado a personas cuyo mensaje, predicado con sus vidas en riesgo, acerca de un Jesús vivo y un reino venidero, eventualmente cambió un imperio. Algo pasó…¿pero exactamente qué?”. [18]
¿Quién movió la piedra?
Una persona que quería saber qué había pasado fue Frank Morison, periodista y escéptico inglés, quien comenzó su investigación para escribir un libro que probara que la resurrección de Jesús era un mito. Sin embargo, mientras analizaba las pruebas, la opinión de Morison cambió, así como también el tema de su libro. ¿Qué hizo cambiar de parecer a Morison, así como también la temática de su libro?
Morison descubrió que la muerte de Jesús fue verificada por historiadores judíos y romanos. Morison se preguntó si los discípulos habían confabulado un plan para hacer que parezca que Jesús había resucitado. Sin embargo, hay tres problemas principales con esa teoría:
- La tumba estaba protegida por una piedra grande y había un guardia romano entrenado las 24 horas. Hubiera sido imposible para los discípulos quitar la piedra y sacar el cuerpo de Jesús sin que alguien se diera cuenta.
- El plan de resurrección hubiera desaparecido en cuanto alguien descubriera el cuerpo de Jesús, algo que hasta ahora nunca sucedió. Tom Anderson, expresidente de la Asociación de Abogados Litigantes de California, explica lo siguiente: “Con un evento tan bien publicitado, ¿no crees que es razonable que un historiador, un testigo ocular, un antagonista registre para siempre que había visto el cuerpo de Cristo? … El silencio de la historia es ensordecedor en lo que respecta al testimonio contra la resurrección”.[19]
- Los discípulos se transformaron de cobardes en hombres que estaban dispuestos a ser torturados y martirizados por proclamar la resurrección de Jesús. El profesor J. N. D. Anderson, autor de Evidence for the Resurrection, concluye lo siguiente: “Piense en el absurdo psicológico de imaginarse a una pequeña banda de cobardes derrotados encogidos de miedo en un aposento alto un día y unos días después transformados en una compañía que ninguna persecución podía silenciar, y luego intentar atribuir este cambio dramático a nada más convincente que una miserable invención … Eso simplemente no tendría sentido”.[20]
Fue la transformación dramática en el comportamiento de los discípulos lo que convenció a Morison de que la resurrección realmente se produjo. Escribió: “Quienquiera que se refiera a este problema tarde o temprano se enfrentará a un hecho que no se puede explicar … Este hecho es que … una profunda convicción llegó al pequeño grupo de personas, un cambio que da fe del hecho de que Jesús había resucitado de la tumba”.[21]
En la inversión de su escepticismo, Morison cambió el título de su libro a Quién movió la piedra, en el que se documentan las pruebas que lo convencieron de que la resurrección de Jesucristo fue un acontecimiento histórico verdadero.
¿A qué conclusión llegaría un jurado?
Otro erudito que escribió sobre las pruebas para la resurrección de Jesús fue el Dr. Simon Greenleaf, fundador de la facultad de derecho Harvard Law School. Greenleaf escribió las normas probatorias que todavía se usan en nuestro sistema jurídico.
Mediante la aplicación de esas normas a los eventos que rodean la muerte de Jesús, Greenleaf llegó a la conclusión de que cualquier jurado honesto emitiría un veredicto en el que se acredita que la resurrección de Jesús realmente se produjo. Como sucedió con Morison, fue el cambio repentino del comportamiento de los discípulos lo que lo convenció.
Escribió: “Habría sido imposible que los discípulos persistieran en su convicción de que Jesús había resucitado si no hubieran visto realmente al Cristo resucitado”.[22]
La resurrección de Jesús convenció a los discípulos de que él era el Mesías que murió por nuestros pecados, el gran “YO SOY” que había hablado con Moisés, “El único camino hacia Dios”, y “La resurrección y la vida”. Ahora sabían que solo Jesús tenía poder sobre la vida y la muerte, y dieron su vida proclamándolo como el Señor resucitado.
Si bien al principio era escéptico, Lewis explicó la forma en la que la resurrección de Jesús fue un evento único entre todos los acontecimientos de la historia humana.
“Había sucedido algo perfectamente nuevo en la historia del Universo. Cristo había vencido a la muerte. La puerta que siempre había estado cerrada con llave, se abrió por primera vez a la fuerza”.[23]
Entonces, ¿qué significa la resurrección de Jesús para usted y para mí en la actualidad?
¿Por qué es importante la resurrección?
El apóstol Pablo, que originalmente fue escéptico de la resurrección de Jesús, explica su impacto en nuestra vida.
“Porque Cristo ha abolido completamente la muerte, y ahora, a través del Evangelio, nos ha abierto a los hombres las posibilidades resplandecientes de la vida que es eterna”. (2 Timoteo 1:9, J. B. Phillips).
En otras palabras, la muerte y la resurrección de Jesús nos abrió la puerta para tener vida eterna con Cristo. Pero, hay un obstáculo que nos impide ir al cielo. El apóstol Pablo lo explica.
“Y también a ustedes, que en otro tiempo eran extranjeros y enemigos, tanto en sus pensamientos como en sus acciones…” (Colosenses 1:21, Nueva traducción viviente [NLT]).
El obstáculo para que tengamos una vida eterna con Cristo es que hemos pecado y nos hemos rebelado contra un Dios santo. Aunque Dios nos ama más allá de nuestro entendimiento, su justicia perfecta requiere el pago de nuestros pecados. La pena es la muerte.
Muchos se preguntan por qué un Dios todopoderoso y amoroso no puede simplemente perdonarnos sin juzgar nuestros pecados. ¿Por qué exige justicia?
Imagínese entrar en una sala de audiencia y ser culpable de asesinato. A medida que se acerca al estrado, se da cuenta de que el juez es su padre. Como sabe que él lo ama, inmediatamente comienza a suplicar: “¡Papá, déjame ir!”.
Con lágrimas en los ojos, él responde: “Te amo hijo, pero soy juez. No puedo simplemente dejarte ir”.
Una vez presentadas las pruebas en su contra, golpea el martillo y lo declara culpable. La justicia no se puede torcer. Y menos por un juez. Pero como él lo ama, se baja del estrado, se quita la toga, y le ofrece cumplir la pena por usted. Y, de hecho, ocupa su lugar en la silla eléctrica.
Este es el cuadro que pinta el Nuevo Testamento. Dios descendió a la historia humana, en la persona de Jesucristo, y fue crucificado en la cruz por nosotros. Jesús no es un chivo expiatorio externo al que se castiga por nuestros pecados, sino que es el mismo Dios. Dicho de manera más clara, Dios tenía dos opciones: castigarnos por nuestro pecado, o recibir el castigo él mismo. En Cristo, eligió la última opción.
En otras palabras, la justicia perfecta de Dios queda completamente satisfecha con la muerte de su Hijo, Jesucristo. Todos nuestros pecados, sin importar cuán malos sean o hayan sido, están pagados en su totalidad con la sangre de Cristo. Pablo escribe:
“pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta”. (Colosenses 1:22a NLT).
Pero espera un minuto, dices: “¿No tengo que hacer buenas acciones para ir al cielo?”.
¿No son suficientes las buenas acciones?
Debido a que la vida eterna es un regalo de Dios, usted y yo no podemos hacer nada para ganarnos nuestro camino al cielo. Pablo, en su carta a los Efesios, explica la asombrosa gracia de Dios.
“Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe, esto no procede de ustedes, sino que es un regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte”. —Efesios 2:8-9, Nueva versión internacional (NVI)
Para que un regalo sea nuestro, es necesario que, en efecto, lo recibamos. Como cualquier regalo, puede optar por aceptar o rechazar el perdón de Jesucristo del castigo por sus pecados. El apóstol Juan aclaró esta cuestión.
“Y el testimonio es este: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida”. —1 Juan 5:11, 12, NCV
Para convertirse en cristiano debe poner su fe (confianza) en la muerte de Jesús por sus pecados en la cruz, y en Su resurrección para que usted tenga vida eterna. Es una elección que solo debe hacer usted. Nadie más puede hacerlo por usted.
Debe admitir honestamente que ha pecado y que quiere el perdón que Jesucristo le ofrece. El apóstol Juan nos dice que “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”. (I Juan 1:9, J.B Phillips).
Juan nos dice que quien recibe a Jesucristo se convierte en su hijo.
“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios”.
Puede recibir a Jesús ahora mismo si le pide que entre en su vida y perdone sus pecados. Si nunca ha invitado a Jesús a su vida, simplemente rece las siguientes palabras.
Pero recuerde, no son las palabras que dice, sino la actitud de su corazón lo que es importante.
“Querido Señor Jesús, gracias por morir por todos mis pecados, pasados, presentes y futuros. Gracias por darme la vida eterna. Te recibo como mi Salvador por la fe y deseo que seas el Señor de mi vida. Hazme el tipo de persona que quieres que sea”.
Si ha hecho este compromiso con Jesucristo, él realmente entró en su vida. Él lo ayudará a convertirse en la persona nueva para la que lo creó. Él lo libera para que experimente una vida de significado, propósito y poder. Aún hay más…
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Notas finales
Endnotes for “Who Is the Real Jesus?”
[1] Sheri Bell, “Testing the Historical Reliability of the New Testament.” Josh McDowell Ministry. January 10, 2018. https://www.josh.org/historical-reliability-new-testament/ (Accessed February 1, 2019) [2] John A. T. Robinson, Redating the New Testament, quoted in Norman L. Geisler and Frank Turek, I Don’t Have Enough Faith to Be an Atheist(Wheaton, IL: Crossway, 2004), 243. [3] John A. T. Robinson, Can We Trust the New Testament? (Grand Rapids: Eerdmans, 1977), 36. [4] Will Durant, The Story of Philosophy (New York: Pocket, 1961), 428. [5] Martin Luther King Jr., The Papers of Martin Luther King, Jr. Volume VI: Advocate of the Social Gospel, September 1948 – March 1963 [6] Quoted in Philip Schaff, The Person of Christ: The Miracle of History (1913), 98, 99. [7] Philip Schaff, The Person of Christ (New York: American Tract Society, 1913), 33. [8] Durant, Ibid. [9] Ibid. [10] Jonathan A. Bean, “Wilberforce and the Roots of Freedom,” Independent Institute, February, 28, 2007, https://www.independent.org/news/article.asp?id=1929. [11] Quoted in Bill Bright, Believing God for the Impossible (San Bernardino, CA: Here’s Life, 1979), 177-8. [12] Greg Clark, ABC Religion and Ethics, “The Roots of Benevolence: Christian Ideals and Social Benefit,” May 8, 2013, https://www.abc.net.au/religion/the-roots-of-benevolence-christian-ideals-and-social-benefit/10099860. [13] Jaroslav Pelikan, Jesus through the Centuries (New York: Harper & Row, 1987), 1. [14] Quoted in Bernard Ramm, Protestant Christian Evidences (Chicago: Moody Press, 1957), 163. [15] Josh McDowell, The New Evidence That Demands a Verdict (San Bernardino, CA: Here’s Life Publishers, 1999), 164-193. [16] Ibid., 56. [17] Wilbur M. Smith, A Great Certainty in This Hour of World Crises, (Wheaton, ILL: Van Kampen Press, ?1951), 10, 11. [18] Peter Steinfels, “Jesus Died – And Then What Happened?” The New York Times, April 3, 1988, E9. [19] Quoted in Josh McDowell, The Resurrection Factor (San Bernardino, CA: Here’s Life, 1981), 66. [20] J. N. D. Anderson, “The Resurrection of Jesus Christ,” Christianity Today,12. April, 1968. [21] Frank Morison, Who Moved the Stone? (Grand Rapids, MI: Lamplighter, 1958), 104. [22] Simon Greenleaf, The Testimony of the Evangelists Examined by the Rules of Evidence Administered in Courts of Justice (1874; reprint, Grand Rapids, MI: Kregel, 1995), back cover. [23] C. S. Lewis, God in the Dock (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1970), 159.